jueves, 25 de enero de 2018

Algo más sobre el Primer Juego "Oficial" de Béisbol en Cuba

Por Jesús Suárez-Valmaña

Quizás más que en lo "breve" que prosigue, desde el minúsculo teclado de un teléfono celular, me referiré ya más adelante con más detalle a un articulo del estimado Lic. Alfredo Santana que focaliza sobre mi nombre desde el mismo título la opinión a un individuo y no a un consenso ya alcanzado por no pocos ("Respuesta a Jesús Suárez Valmaña") sobre un debate que al menos en algunos puntos pensaba superado, luego de alguna vehemencia de la que somos muy proclives nosotros los cubanos -y no me excluyo aún en mi cada vez más notable voluntad a adoptar términos conciliadores cuando no atente a cuestiones de principio, no se si por experiencia o por evolución de aprendizaje que nunca acaba en la vida. 

Asimismo, otra corta opinión más abajo, en mi criterio apresurada, otra vez me alarma como estéril disparo: una sectaria y poco constructiva acusación provinciana de Harold Cárdenas, tal vez por pasión juvenil, aunque ausente de constructivos argumentos, a lo que lo conmino; si bien no extendida a lo más pormenorizado y amplio de Santana donde vuelvo a no estar de acuerdo en varios de sus puntos. 

De entrada haré una precisión: El historiador y doctor Félix Julio Alfonso, con quien hasta ahora coincido en esencias -si no apareciera otro hallazgo de arqueología beisbolera- no es capitalino, sino santaclareño; y de lo que se trata al fin y al cabo es de esa tan repetida acuñación de "oficial" adjudicada por varios decenios (me parece recordar que desde los años 40) a ese juego del 27 de Diciembre de 1874, un término que el propio Santana reconoce y del que pienso si se ajusta al de 4 años y dos días después, en terrenos de lo que es hoy el Hospital Gineco-Obstetrico América Arias, más conocido como "Maternidad de Línea" en La Habana.
 
Aparte de nunca aparecer esa etiqueta "oficial" en aquel par de crónicas originales, sino muchísimos años después, no hay otra manera de otorgar esa pretendida "oficialidad" a un partido premier en justo eso: servir y contar como el de apertura al primer torneo OFICIAL celebrado en la Isla. Todo lo demás es puramente especulativo: reglas vigentes aplicadas antes o después en una etapa formativa y de construcción en un deporte foráneo hacía poco introducido en apariencia por varias vías, dos diferentes equipos adversando, vistosos uniformes, festividades anexas, etc; como lo si muy concreto que trasciende de un abultado marcador que casi triplica los límites de una regla antes vigente de la que no sabemos su caducidad y reemplazo posterior; pero que -como mínimo- demuestra la superioridad manifiesta de la escuadra visitante, "51 corridas por 9", lo que le sugiere mucha y más sólida práctica previa al elenco habanero sobre los anfitriones. 

Y todo ello sin la cavilación de suponer que un partido comenzado aproximadamente a la 1 de la tarde da indicios de puro divertimento o placer -y no precisamente rigor oficial- al terminar por oscuridad alrededor de las 6 de la tarde. O sea, estamos hablando de 5 horas; y más cuando la letanía odiosa de los anuncios comerciales televisivos entre innings no existía, ni la podría imaginar siquiera un febril Julio Verne en hipotética visita y paseos por los alrededores del puerto matancero. 

Asimismo, para nada creo que ello quite significado y rango al venerado partido del Palmar de Junco, como a su detallada crónica en "La Aurora del Yumuri" y versionada días después por "El Artista", con su tan mentado y -para la época- bastante detallado boxscore, hasta ahora por ello primigenio. 

Creo que no se trata de "quitarnos" la fecha del 27 de Diciembre de 1874 para dejarnos un vacío, sino todo lo contrario: fomentar más investigación, futuros hallazgos y un enriquecedor y sano debate sobre ella y todo lo que la propició. 

Peor y más preocupante, creo, debiera ser todo lo dogmático, nocivo y hasta antipatriótico que significó volver a sepultar lo tan seriamente rescatado tras 54 años de silencio irresponsable. Me refiero al Salón de la Fama renacido en el 2014 con 10 nuevas exaltaciones para llevarlo a 78 inmortales, solo por un temor genuflexo a futuras elevaciones inclusivas, despojadas de cobarde falta de sentido común y perspectiva del momento que vive hoy nuestra Nación. 

Precisamente, siendo este servidor uno de los 13 persistentes soñadores que inicialmente nos dedicamos en febriles jornadas durante varios meses hasta "refundarlo y burlarnos de muchos fantasmas" los días sábado y domingo 7 y 8 de Noviembre del 2014, ya con el concurso y aporte medular de un centenar de periodistas, historiadores, escritores, divulgadores y hasta un fervoroso coleccionista, puedo dar fe y consignar aquí que Santana y Villalonga, dos matanceros apasionados y brillantes, fueron pioneros entre los que se nos sumaron muy temprano, incluso antes de aquel memorable fin de semana otoñal. De hecho, fueron esenciales en que el Palmar de Junco fuera más que una extensión del Salón en si -como quedó consignado oficialmente en sus documentos reconstitutivos y estatutos- sino su auténtico "Campo de Sueños", no importa estuviera 100 kilómetros al Este de La Habana. 

Y no ocultaré que hubo polémica, pero al final el consenso unánime logrado se refería a la necesidad imperiosa e insoslayable para el Salón Museo que aspiramos, de una edificación pertinente y no sólo distinguida como el antiguo Vedado Tenis Club (y risible su dogmática evocación exclusivista que derrumbaría tantas estatuas y edificios como ese mismo a punto de desplomarse lo que sería criminal), justo junto a la franja costera donde primero se comenzaron a multiplicarse improvisados terrenos cerca del Castillo de la Chorrera, más los bates y las pelotas a partir de aquellos sacros implementos -como espada Excalibur- que trajera en una maleta el pionero Nemesio Guillot. 

Se trataba -y eso lo comprendimos al final habaneros, matanceros y cubanos todos dedicados a divulgar y venerar nuestra Pelota y su historia- de tener un inmueble que a la vez de grandioso y bello en su arquitectura, tuviera cabida junto a sus majestuosos salones de contemplación y honra, ese anhelado y merecido Museo, contentivo por igual de un teatro, salas de cine y conferencias, biblioteca, bóvedas para almacenar todo tipo de artilugios no expuestos, así como inflatables dispositivos de seguridad más un largo etcetera. 

El Palmar de Junco, sagrado por si mismo en esa grama, arcilla y gradas gloriosas, tiene así mismo ya, no como sueño irrealizado, esos locales anexos que aunque modestos, pueden albergar todo lo que exista o se encuentre de ese famoso juego primigenio en lo referido a su crónica, a su profuso contar de la historia de un juego de pelota en si como nunca antes en Cuba; amén de fomentar el estudio serio de esa vertiente fundacional de nuestro Béisbol por la zona del Puerto de Matanzas, paralela a la voluntad de los jóvenes criollos habaneros que las evidencias confirman como pioneros e introductores de sus primeros implementos. 

Por ello, lo que modestamente me parece menos importa, sin proclamarme erudito en el tema, es una dudosa etiqueta de oficialidad discutible. Y mucho menos pertinente -con el mayor respeto- me parece esa ya recurrente acusación regionalista -al estilo de las divisivas del Siglo XIX, repetitivas como de tragedia a comedia, merecedoras de condescendiente sonrisa en mi caso (habanero y vedadense); como imagino al ya mentado Félix Julio (santaclareño); como a Ismael Sené (habanero reglano); o el acucioso Dr Oscar Fernández (pinareño) que está haciendo una labor de cíclope censando y contabilizando los restos de jugadores que yacen en el Cementerio de Colón; o a motores audiovisuales como Ian Padrón y Yasel Porto (habaneros); o a Sigfredo Barros (santiaguero); o al estadístico Carlos del Pino (camagueyano o pinareño), por citar a algunos del Grupo por la Refundación del Salón de la Fama del Beisbol Cubano en el 2014; que cito otra vez -insisto- por ser el ámbito y espacio donde por meses se debatió éste como uno de tantos apasionantes y profusamente investigados temas (apasionantes creo como pocos). 

Volveré ya con más tiempo y elementos de juicio aportador y no de rencilla fratricida. Contrario siempre a perniciosos regionalismos como creo he sido perseverante y con humildad en mi carrera periodística por hace ya un cuarto de siglo. 

Un abrazo -virtual ahora- para el fraterno Santana y extensivo al ardiente Harold, yumurino también como muy buenos amigos... y que se sepa: aunque me equivoqué, vaticiné al Matanzas de Victor Figueroa y Jesús Salgado en su Semifinal ante Granma, el campeón vigente. 

Haciéndolo así de bien, con inteligencia, ciencia y mesura ajenas a arrebatos impulsivos, no dudo que para muy pronto será!

Jesús Suárez Valmaña. La Habana. 21 de Enero del 2018.

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